29 Nov

Vivencias en el duelo

Vivencias en el duelo


El duelo es un proceso normal que se produce ante pérdidas que ocurren en la vida. Aunque muchas pérdidas pueden producir duelos, las más significativa son las pérdidas de familiares o amigos cercanos. Es la respuesta natural a un acontecimiento natural, pero extraordinario para la persona que lo vive, en el que se ponen en marcha unos procesos psicológicos tendentes a la reestructuración. Solo un pequeño porcentaje de casos se complican y llevan a graves problemas de salud mental.

En los duelos se viven un conjunto de emociones y conductas vinculadas a la separación y la pérdida. Son inevitables, muy variadas y cambiantes. Con cierta frecuencia, me preguntan: ¿es normal lo que me pasa? ¿me estoy volviendo majareta? En este post, intentaremos responderles.


Las emociones suelen resultar abrumadoras al principio del proceso del duelo, y, en algunos casos, lo anteceden al anticipar la pérdida


 

Duelo: primeros momentos

En un primer momento, cualquier pérdida puede suponer una desorganización potencial para la persona y su vida cotidiana. Ya nada es como antes, algo o alguien falta. Tanto las muertes de seres queridos como los problemas de salud, de pareja y de trabajo copan los primeros puestos en las escalas de impacto al estresor. Esto es, cuando nuestra vida está patas para arriba, necesitamos más tiempo para adaptarnos al estrés y conseguir una “nueva normalidad” con una cierta estabilidad física y mental.

Al inicio del proceso de duelo, puede darse (o no) un periodo de desconcierto o embotamiento y, a veces, irrealidad. Lo cotidiano se vuelve raro, se funciona como un autómata. Es común y breve y nos protege de la vivencia extrema de las emociones.

Duelo: momentos iniciales e intermedios

Al paso impuesto por la realidad, predomina el sentimiento de vacío y pérdida. La emoción estrella es la tristeza que lo impregna todo; la vida sigue, aunque “disminuida”. Nos ocupamos de nuestras tareas cotidianas y obligaciones. Con la pena a cuestas llevamos nuestra vida de manera apática o ansiosa. Acuden los pensamientos y recuerdos de la pérdida junto a los sentimientos difíciles: tristeza, vacío, culpa, desesperación, soledad, confusión, vulnerabilidad… Ay…, suelen venir en oleadas, en las llamadas “punzadas del duelo”. Lo más habitual es que se alternen con otros sentimientos positivos y recuerdos agradables de la persona fallecida, que reconfortan.

Y así vamos y venimos, con sentimientos intensos de pena y ansiedad, en ocasiones deseando que la pérdida sea reversible, vano anhelo, teniendo a veces presente todo lo que ha significado y significa para bien….

En ocasiones, con rabia ¿hacia qué? ¿hacia quién?, o con inseguridad de no encontrarnos ni en el pasado deseado ni en este presente que nos toca vivir.

Puede venir insomnio, falta de concentración, agotamiento y fatiga, pérdida de apetito, olvidos, tendencia a la soledad…. A veces, predomina el pesimismo, las preocupaciones constantes o el descreimiento. Es posible sentir que nos acompaña, que está presente, aunque sepamos a ciencia cierta que no es así, que son engaños de la mente…

Hay quienes visitan lugares y atesoran objetos vinculados al recuerdo; otros, los evitan y se deshacen de todo; la mayoría, acude ocasionalmente y guarda lo significativo. Hay mucha variedad.

En esta etapa, a algunas personas, les ayuda buscar modos de comprender o encontrar un significado a la pérdida. Otras se cuestionan algunos puntos de su vida y encuentran su centro en lo que consideran que verdaderamente vale la pena.

Duelo: momentos avanzados

Al evolucionar la elaboración del duelo, poco a poco, se van recuperando las ganas vitales y el futuro se vislumbra desde otra perspectiva. Las ocupaciones son más fluidas, los recuerdos y pensamientos de la pérdida también. El recuerdo del fallecido y de la historia compartida se vuelve tranquilo y afectuoso; la pena persiste sin el dolor anterior.

El mundo puede reconstruirse con un nuevo significado, aceptando esta nueva realidad. El proceso vivido refuerza los propios recursos de relación con uno mismo y con los demás y aumenta, sin duda, la propia salud mental.

Esto tarda su tiempo y requiere unas tareas, que la mayoría de las personas realiza de manera natural al sobreponerse a estas situaciones adversas. Vale la pena, no hay atajos, solo se puede hacer desde la vivencia. Nos gustaría abordarlo en un siguiente post.

Para cualquier asunto al respecto, no dudes en ponerte con nosotros. En PSICO tenemos amplia experiencia en orientación, counselling y psicoterapia en duelo ¡Te escuchamos!

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¡Gracias!

Psicología y Coaching PS|CO

 

Maite García, Psicóloga Clínica y Coach, PS|CO

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