07 May

Las cuatro veredas

Las cuatro veredas del amor en pareja

En la pareja, es habitual vivir una gama de sensaciones que igualan a la paleta de un artista plástico en todas sus tonalidades. Los sentimientos van cambiando, no siempre es lo mismo lo que sentimos ni las tareas que llevamos a cabo. Me gusta llamarles las cuatro veredas del amor, al equipararlos a caminos diferentes que podemos tomar en esa aventura de amar al otro y ser amado. Como el amor no puede ser estático, vamos cambiando de rutas que se entrecruzan y podemos tejer como una trenza o pasar sólo por una o dos veredas; en todo caso en cada ocasión su fortaleza será distinta.

En este post revisaremos estas diferentes formas de transitar por el amor en la pareja, entendiéndola formada por personas que se manejan bien solas y que deciden apostar por una interdependencia sana. En posts posteriores, valoraremos las consecuencias de empeñarse en seguir una sola ruta y ver a lo lejos los otros senderos, como si fueran ajenos o inaccesibles. Nuestra vivencia (individual y común) será más completa si vamos pasando de manera natural y dinámica por las cuatro.


Las veredas del amor en pareja son las siguientes:

La vereda del amor filial es aquella en la que transitamos con ternura, con expresiones de un afecto que tiende a la protección y al cuidado. A veces somos como un padre o una madre que acompaña, que calma y regula emocionalmente, que comprende y quiere, y que a la vez sabe limitar con afecto cuando es oportuno. Otras veces, somos como un hijo o hija que permite ser calmado y regulado, comprendido, querido y aceptado; vamos conjugando poder auto-regularse emocionalmente con poder co-regular y permitir ser co-regulado, y todo ello con flexibilidad, según necesidades.

La vereda del compromiso es donde van asumiéndose una serie de promesas que hemos de cumplir como pareja, no solo orientadas a ella, sino también a cómo asumimos hacer algo para los otros. Un proyecto suele ser el vivir juntos, con sus implicaciones (gastos, horarios, etc.). Otro de los mayores compromisos que adquirimos con nuestra pareja sería tener hijos. También implica cómo nos presentamos ante los otros y cómo estos nos consideran.

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La vereda de la amistad implica una relación donde prevalece una comprensión empática e incondicional. Las alianzas se vuelven tácitas, el estar contigo cuando lo necesites, hacer por ti hasta lo imposible, escucharte sin juzgarte, son tan solo algunas de sus cualidades. Otras son los proyectos conjuntos, las aficiones, el gusto por estar juntos y compartir.

Finalmente está la vereda de la pasión, del erotismo, que nos permite sentir la fusión con el otro en toda la intimidad, donde tal vez nos mostremos al otro más que a uno mismo.

Cada vereda tiene sus gozos y es grato pasar por todas. En el devenir de la pareja, se aprende a tejer esta trenza de las cuatro veredas, esto es, vivir los cuatro roles de madre-padre (hija-hijo), compañera(o), amiga(o) y amante, y saber cuándo hemos de cambiar de una vía otra.
Cada vereda tiene también sus infiernos si solo se transita por una de ellas, de manera inflexible. Como decía, esto lo trataremos en otro post.

 

Parejas interdependientes:

Por último, ahondando en el concepto de parejas interdependientes, me gustaría solo añadir los valores fundamentales de la propia capacidad de amar (Erich Fromm, El arte de amar). Son el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Son mutuamente interdependientes, es decir, ambos miembros de la pareja lo han de aplicar a sí mismo y al otro. Sin dichos valores no sería posible conseguir un amor genuino.

Te invitamos a reflexionar sobre las veredas, combinarlas y vivirlas de la manera más completa.

¡Gracias por leernos! Estaremos encantados de conocer tus opiniones mediante el Formulario de Contacto.

 

Roles en parejas interdependientes

 

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